martes 14 de julio de 2009

Los votos que no cuentan

La foto no tiene nada que ver, pero me gustó.


Han pasado dos semanas y unos días desde las elecciones. Pero con ellas vinieron algunas declaraciones poco gratas, indignaciones, y recuerdos del pasado-no-tan pasado. Leemos al diario La Nación: "El gobernador santafecino Hermes Binner comparó hoy el triunfo del senador Carlos Reutemann con "el síndrome de Estocolmo", que consiste en la identificación de la víctima con su captor, al manifestar que "es algo que todavía no alcanzamos a dilucidar" ".

Podríamos buscar más declaraciones como esta, pero somos vagos y ustedes tienen cierta memoria como para recordar este fenómeno. Se llama descalificar al votante. Y pone en el tapiz del debate una cuestión que no es para nada secundaria, que es la tensión, la lucha, de lo que significa la verdad vs. la democracia.

Porque, se sabe, la democracia no es la verdad. Digamos, pongámoslo en claro: El proyecto más votado no es el más verdadero, el que tiene la razón. Hace unos días un oyente le mandó un mail a Dolina a raíz de un concurso donde votaban al "mejor jugador de fútbol", y Alejandro se encargó de desmitificar este tipo de concursos: Porque donde hay una votación no se busca la verdad. La democracia no busca que gane "el mejor modelo político". Es imposible determinar cual es la mejor película de la historia, por ejemplo, en base a una votación.

¿Para qué está entonces la democracia? O bien, ¿cual es su utilidad?. Sobre esto que estoy diciendo se han derramado litros de tinta, pero voy a exponer unos puntos rápidamente. La democracia, lejos de ser un sistema perfecto, es el "mejor sistema posible", porque tiene como "adversario" si se quiere, al gobierno monárquico, no votado. Lo contrario de votar es no votar. Y lo importante del pueblo, de la soberanía popular, es que actúan como una aceptación o un rechazo al modelo vigente cada tantos años. La democracia es, agrego yo, una especie de "sistema de rotación", donde vamos descalificando lo que no queremos hasta encontrar el modelo que se nos ajuste.

Pero además, es una columna vertebral, porque es lo que mantiene un modelo en forma "recta", es decir no permite que se desvíe hacia lo perverso, lo mal hecho. Insistimos, es evidente que la democracia no es perfecta, pero muchas veces hay que leer sus resultados por "el voto negativo".

Sobre todo en este país, que es tan común el voto castigo. La gente difícilmente vote eligiendo entre una opción y la otra: no, muchas veces se decide entre "continuar con el gobierno" o "pedir el cambio". Convalidar la gestión, o bajarle el pulgar. No es una comparación, es un plebiscito.

Y en esto, muchas veces se ha equivocado quien ha leído los votos de una manera u otra. Hoy, por ejemplo, mirando el programa de Jorge Asis, nos encontramos con el hermano del ex-presidente que gobernó diez años y que en este blog no se nombra porque es yeta, diciendo que "1 de cada 2 argentinos convalidó lo hecho desde el 91 al 95". Haber tenido los votos no significa haber hecho las cosas bien. Pero no tener los votos, es decir la lectura por la inversa, significa haber hecho las cosas mal. No significa "que las hiciste peor que los otros", no. La gente no evalúa eso, no evalúa si estas haciendo peor o si estas haciendo mal pero estas haciendo mejor que lo que otros serían capaces de hacer. No. Muestra que "estas haciendo las cosas mal".

Lo que hace Binner, que es una actitud que puede encontrarse en varios otros partidos, como los de más izquierda o del radicalismo, es una respuesta común a la derrota en las urnas. Es, mas o menos, como decir que "los bonaerenses son estúpidos porque votaron a De Narváez". Y quizá, para aquellos que pasamos todo el día hablando de política, que lo tendremos como profesión, que creemos que una elección no es un plebiscito sino "definir entre dos o tres proyectos", "elegir el mal menor", podemos llegar a pensar que votar a De Narváez es una estupidez. Pero también tenemos que pensar que es la democracia el sistema que elegimos, y que así funciona. Quien escribe este blog, ama la democracia más allá de los pésimos resultados que a veces aparecen, y se los banca. Y elije la democracia todos los días como sistema político.

Pero a no confundir, señores. Tener los votos no es tener la razón. Es que digan, que por ahora, uno va bien, marcha derechito. El tema da para más, lo extenderé algún otro día. Esto es todo por hoy...

Tomás Remón